domingo, 4 de julio de 2010

Lo que no se admite

Lo que no se admite

Richard Tillinghast · · · · ·


No se admiten latas de carne, de pasta de tomate,
ni ropa, ni zapatos, ni cuadernos.
Se guardarán en nuestros almacenes de Kerem Shalom
hasta nuevo aviso.
Plátanos, manzanas y caquis sí se admiten en Gaza,
y melocotones y dátiles, y ahora también macarrones
(después de la visita del senador americano).
Son esenciales para el sustento diario.

Pero no los albaricoques, las ciruelas, las uvas,
los aguacates, la mermelada.
Esos son lujos y no se admiten.
No se admite papel para libros de texto.
Los terroristas podrían usarlo para imprimir material subversivo.
¿Y para qué necesitas libros
ahora que las escuelas están en ruinas?

No se admite acero, material de construcción, tubería plástica.
Los terroristas podrían usarlo para
lanzarnos cohetes.
Calabazas y zanahorias, vale, pero nada de golosinas,
ni cerezas, granadas, sandías, cebollas, nada
de chocolate.

Tenemos una lista de tres docenas de productos que sí se admiten
pero no tenemos obligación de hacerla pública.
Esta es la decisión a que llegaron
el coronel Levi, el coronel Rosenzweig y el coronel Segal.
Nuestro lema:
“Ni prosperidad, ni desarrollo, ni crisis humanitaria”.

Se puede pescar en el Mediterráneo
a no más de tres millas de la costa.
Más allá abrimos fuego.
Es muy de lamentar que las aguas estén contaminadas,
con setenta y cinco millones de litros de aguas residuales
al día, al mar,
según la cifra oficial.

Nuestros cohetes cayeron en las depuradoras
y ahora no se admiten piezas de repuesto para repararlas.
En tanto que Hamas nos amenace
no se admite cemento, ni cristal, ni material médico.
Os estamos vigilando desde aviones no tripulados
mientras guisáis lo que haya sobre hogueras
u os vais a acostar
en las ruinas de casas destruidas por granadas de tanque.
Y si vuestros niños no pueden dormirse
porque echan de menos a los muertos en nuestra incursión
o se despiertan llorando, o mojan la cama
en vuestras tiendas provisionales de refugiados,
o gritan del dolor de sus miembros amputados,
es el precio que pagáis por dar cobijo a terroristas.

Dios nos ha dado esta tierra.
Una tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra.


Richard Tillinghast (Memphis, Tennessee, 1940) es un poeta norteamericano
que reside actualmente en la República de Irlanda, tras retirarse de la
enseñanza que practicó en Michigan y Harvard, entre otras universidades.
Durante veinte años fue crítico de poesía de la New York Times Book
Review. Para una primera aproximación a su obra se puede consultar
http://www-personal.umich.edu/~rwtill. El poema que traducimos y
reproducimos con su autorización se publicó en The Irish Times el 5 de
junio de 2010.

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