lunes, 27 de agosto de 2007

Relatos de Santiago

Caminando llegué a los pies del Cerro Santa Lucía. Me detuve en el primer descanso; una fuente en torno a la cual había varios banquitos protegidos por la sombra de altos árboles frondosos y acariciada por un fresco viento que saludaba incesante, me invitó a acompañarla mientras me susurraba con el cálido e infinito fluir de sus aguas los secretos que alberga el tiempo que en este lugar tan inexplicable se detiene y prosigue y casi se evapora.

Seguí subiendo por ese hermoso camino que creía no haber visto nunca antes y de pronto, al tiempo que me acercaba al mirador, perdí la noción de la realidad. Había estado con anterioridad en ese lugar, o lo había soñado, o al menos, hacía relativamente poco había visitado algún paraje muy similar. La imagen chocó en mi mente y creí recordar haberme encontrado ahí cinco años atrás, pero el lapso de tiempo en mi mente era ínfimo, como si se tratara de tres días.

Por algún motivo mi memoria había conservado en perfecto estado ese recuerdo, pero absolutamente oculto. Poco a poco lo fui asimilando y pude apoyarme en la barandilla y observar, relajado, la ciudad de Santiago que se extendía desordenada ante mí.


1 comentario:

Anónimo dijo...

ñami
que lindo recorrer Santiago
contigo,
no pares ahora eh?
sigue subiendo relatos al bloggggg!!!!
besoooosss